19 sept. 2015

El Puente de los Santos


Xiomara se levantó esa mañana más pronto de lo que era habitual. Estaba inquieta y no había dormido bien. Se entretuvo mirando los posos del café, algo que hacía los días que tenía más tiempo.

Su tata le había enseñado a interpretarlos cuando era niña allá en Venezuela. Siempre le contaba a su nenita que la tata era de Cuyagüa, donde había mucho descendiente de esclavos africanos. De hecho, la tata tenía los ojos de un color verde intenso, que contrastaban con esa piel negra y reluciente. Consuela siempre quiso más a la tata que su propia madre. Esa mujer robusta que olía a leche con miel era la que le curaba las heridas, la que le enjugaba las lágrimas cuando contaba en casa que las niñas del colegio se reían de sus gafas, mientras su madre tomaba té en el salón con sus amigas.

Pero la tata ya había muerto y su nenita se había quedado en Caracas con la familia de Edwin. Ella había tenido que huir con lo puesto dejando lo que más quería atrás. Confiando en que Edwin jamás se metiera con la nena, pues nunca lo había hecho. Sólo se enzarzaba con ella. Ahora miraba los posos del café para averiguar cómo se sentía su pequeña, si ese malnacido y su madre la trataban bien. Y no veía nada.

Mientras tomaba el desayuno, apenas un chusco de pan y ese café, recordó lo mucho que había aborrecido cada momento al lado de Edwin. A golpe de pelvis primero y con la mano abierta después. Un día decidió poner tierra de por medio y también algo de mar, por si acaso.

Fabricó una mentira con su hermana y ésta se ocupó de sostenerla. Se largó antes de mediodía, cuando él ya se había ido a hacer que trabajaba. No cogió nada de la casa. Había dejado a la nena en el colegio. Ese día la recogería Ninoska. Mas o menos cinco horas después daría la voz de alarma, cuando supuestamente Xiomara debería haber llegado a casa.

Compraron la maleta, la ropa y demás meses atrás. Luego, billetes de autobús y autocar para los que no necesitaba identificarse. Se fue a Playa Pantaleta y se registró en un hostal de mala muerte en el que no pensaba dormir. A media noche, salió hacia la playa. Allí se cambió de ropa. Dejó la vieja sobre la arena y se puso un vestido nuevo que llevaba en el bolso. Terminó la faena con una peluca castaña que cubría su pelo rubio ceniza. También abandonço el bolso con su monedero y las llaves del coche. Al planear la huida había hecho otra copia de la llave, que se quedó para regresar desde la playa hasta él y recoger la maleta.

Luego cogió tres autobuses distintos hasta llegar hasta Las Cruces, en Zulia. Allí estuvo un mes medio escondida hasta que se atrevió a cruzar hasta Colombia. Y desde allá, mas autocar, hasta Bogotá. Luego llegó a Madrid y finalmente, terminó su viaje en Tapia, donde la cuñada de Ninoska le dio trabajo en el hotel Puente de los Santos, siempre guardando el secreto.

Mientras ella huía, sin llamar a nadie, encontraron sus cosas en Playa Pantaleta. Aunque Edwin insistió mucho, al cabo de tres meses la policía dio por cerrado su caso. La nota de suicidio en la habitación de hotel, el intento frustrado con pastillas año y medio atrás, y que no pudieran encontrarla en esos tres meses, les hizo pensar que esta vez lo había conseguido aunque no encontraran el cuerpo. Edwin tendría que esperar unos años más hasta que la declararan muerta. No pensaba volver. Estaba dispuesta a renunciar a las casas y a las acciones que le había dejado su padre. Había hecho testamento a favor de su nena, pero sabía que en cuanto la niña heredase, el padre se apoderaría de todo, como había hecho con el dinero y las joyas que le llegaron nada más morir su madre.

Edwin le contó a Ninoska que la policía cerró el caso, pues era muy raro que una mujer como Xiomara se fuera dejando atrás a su niña, a la que quería tanto, y también sus propiedades. Eso, más los cientos de casos de asesinatos, maltrato, robos que tenían que resolver cada día, claro. Pero él, no lo daba por cerrado.

-       Tu sabes que no ha muerto ¿verdad?

Ninoska le dijo a Xiomara por teléfono que apenas había podido sostenerle la mirada. Ese hombre le daba pavor, pero ella tenía que proteger a su hermana. Se puso a llorar diciéndole que era un ser cruel y que su hermana nunca se habría ido sin la nena. Ella creía que esas lágrimas y, sobre todo, sus palabras le habían convencido. Por el momento, se dijo Xiomara tras colgar el teléfono.

Luisa, la cuñada española de Ninoska, le dejaba quedarse en una habitación. A cambio de las tareas de limpieza, de servir las mesas y de 300 euros al mes, claro. No era nada, pero tampoco necesitaba más. Luisa era como algunas asturianas que había conocido después. Seca, delgada como un palo, amargada tras el divorcio de aquel venezolano vocinglero. No quería saber nada de los venezolanos, le dijo la primera vez que la vio en la puerta del hotel. Sin embargo, al final la dejó quedarse. Le salía barata, pensaba Xiomara.

Nunca le sonreía. Ni conversaba con ella más allá de las órdenes que le daba cada mañana. Pero tenía alojamiento, trabajo y de vez en cuando le dejaba hablar con Ninoska, que informaba sobre su niña y Edwin.

Un día, cuando se quedó a solas con Ninoska, sonrió y comentó bajito:

-       Tita Ninoska, yo sé que mami va a volver a por mí. Lo sé. Ella me lo dijo. Pero me tienes que guardar el secreto. Papi no lo puede saber.

Cuando oyó a su hermana contarlo, Xiomara empezó a llorar en silencio. No quería que Ninoska supiera cuanto le dolía eso. Admitió que se lo había dicho a la niña. La noche anterior a su marcha se acercó a su cama y se lo susurró al oído. Pero creía que estaba dormida.

-      Metí la pata ¿verdad?
-      No te preocupes. Ella guarda bien el secreto y yo también.

Pero las mentiras tienen las patas bien cortas. Y ese hijo de puta se había enterado. No sabía bien como. Tampoco se atrevía a llamar a Ninoska. No le había servido de nada estar escondida en ese hotelucho en el culo del mundo, limpiando la mierda de otros. Al final, la había encontrado.

El día anterior, mientras recogía la habitación 31, le vio cruzando hacia la gasolinera. Se retiró rápidamente corriendo la cortina, temiendo que él mirase hacia arriba. Se sentó en el suelo, apoyando la espalda en la cama, mientras sentía su corazón latir más acelerado que nunca. El pánico la dejó sentada en el suelo durante no sé sabe cuánto tiempo.

Primero, estuvo llorando un buen rato. La jefa tenía que ir a Ribadeo a hacer papeleo y nadie le iba a molestar. Ya limpiaría luego. O no. ¿Qué importaba?

Huir, huir, huir de nuevo. Mentalmente volvió a hacer su maleta y se marchó. Pero sus piernas no respondían. Una y mil veces empacó sus escasas pertenencias. Tampoco es tuviera tanto.

Tumbada en el suelo, a los pies de la cama, mira las aspas del ventilador de techo que giran y giran. La llevan a su infancia, en aquella Hacienda tan bonita en que veraneaban, al olor a leche y miel de la tata. Y se queda dormida.

Cuando despertó era cerca de mediodía. Se sentó en una silla e hizo su último plan. Ir a la habitación de Luisa. Coger las recetas que tiene acumuladas. Ir a la farmacia. Comprar las pastillas. Más tarde buscarlo, encontrarse con él, sonreír aun temblando por dentro. Invitarle a un cafecito.

Y ahora, tomando ese primer café de la mañana, encuentra su futuro en los posos. Vuelve a mirarlos y cree ver una M, de muerte. Muerte higiénica, lenta, sin dolor. Echa las pastillas en la palma de su mano, las cuenta de nuevo y finalmente se las traga. Esta vez sí que va a resultar.

Va a la habitación 31, conecta el ventilador y se tumba. Recuerda a su tata cantando esa nana, que era su favorita:

“Duerme, duerme, negrito, que tu mama está en el campo, negrito...”

Y cierra los ojos.

25 abr. 2014

Despegue

Tres, dos, uno, despegue...


Porcia ya se encuentra en el círculo dorado. Abrochénse los cinturones que se va a producir el aterrizaje.

Hagan sus próximas visitas en:

http://frailecillo2014.blogspot.com.es/




15 abr. 2014

Migración


Voy a emigrar.

Soy un frailecillo que este verano buscará la luz islandesa. Esos maravillosos días y noches de sol en los que poner los huevos, tener crías y zambullirse en el agua desde el acantilado.

Me encanta Islandia. Sus glaciares inesperados. El mar junto al hielo. La dureza del páramo. Y sus géisers sorprendentes. Con esos bufones de cinco metros que te dejan patidifusa cuando sueltan el agua caliente con olor a azufre.

La laguna azul, en la que te bañas tan pancha mientras fuera hace un frío que pela. Los caminos intrincados que te llevan desde Reikjavic hasta el sur, esperando encontrarte algún troll por el camino.

Voy a emigrar, sí. El verano en Asturias es precioso pero este año, Porcia se va a latitud 64º 08’ N.

No sé si volveré el otoño que viene. Supongo que sí. Incluso puedo convertirme en un ganso Ánser de vez en cuando y visitar a los gatunos pero ahora he decidido que soy un frailecillo.

Os dejaré aquí mi nueva dirección por si quereis saber cómo me va viviendo en el Círculo Dorado, allá donde el río Hvitá monta una cascada de mil pares de cojones.

Ciao, socio. Dejaste de escribir en el blog hace mucho tiempo y ya no sé si siquiera lo lees. Tú eres un vencejo, que con rápidos movimientos, abres y cierras blogs. Ahora andas oculto por ahí, haciendo nuevas incursiones que te permitan ser libre y volar rápido. Quizá visites gatunos de nuevo. Si lo haces, deja alguna huella. Una cagadita o similar.

Yo no voy a dejar que gatunos se extinga. No lo cerraré y de vez en cuando me pondré mi capa de Batman para visitarlo. Pero todos evolucionamos y también tengo que volar, ver otros horizontes, vivir mi vida contemplando cómo se bañan las crías en el acantilado y saliendo rápido al vuelo, a sumergirme casi cual pingüino a por pescaíto para mis nenos. 

En breve os pondré mi dirección. Ahora de momento debo preparar el vuelo, que me esperan 2889,03 km. de viaje. En cuanto tenga el nido montado, os aviso.

Ciao, pescaos.




14 abr. 2014

Soneto para Paz



A María Paz, que se fue mordiendo a la muerte.


Chillan sin tregua por tu muerte rara
las montañas lejanas, temblorosas;
Se estremecen alteradas, rabiosas.
Absurda vida que sin querer para

Gotas saladas inundan mi cara;
Caen muy despacio, temblando llorosas.
Remolino gris, cenizas furiosas
que vuelan monte arriba entre la jara

Cenizas esparcidas por el monte
Aúllan, gritan, tiemblan, bailan, se mecen,
retuercen la raya del horizonte.

Cielo tan blanco que las nubes tejen
permite que Paz tus aguas remonte.

¡Que sus cenizas hoy su huella dejen!

5 abr. 2014

La nena de Chucho

Borderline
El Trastorno personalidad límite (TPL) “se caracteriza primariamente por inestabilidad emocional, pensamiento extremadamente polarizado y dicotómico y relaciones interpersonales caóticas”.

La co-dependencia es “una condición psicológica en la cual alguien manifiesta una excesiva, y a menudo inapropiada, preocupación por las dificultades de alguien más o de un grupo de personas”.

Pilar es una borderline. Y yo un co-dependiente. O eso dice mi terapeuta. 

El lunes la mandé a la mierda definitivamente.

Dos horas antes el médico me había dicho que tenía gonorrea. Se me quedó cara de mármol. No dije nada. Sólo escuché como pude, cual es el tratamiento. El hombre me miraba sin apenas pestañear, entrecerrando los ojos y con una sonrisa acogedora, como dándome a entender que me entendía.  

Cuando terminó, me levanté y nos dimos un fuerte apretón de manos. No creo que vuelva por su consulta.

Luego volví a casa. Al abrir la puerta noté ese olor al incienso de pachuli que tanto le gusta a Pilar. Me dio nauseas y pensé en lo bien que estaría cuando ya no tuviera que aguantarla más.

Había una nota en la encimera de la cocina.

“Chucho, me voy al salón de masajes. No me dio tiempo a cocinar. Tienes pizza Dr.Oetkler en el congelador. Besitos muak muak”.

Últimamente le ha dado por llamarme “chucho”. Y lo odio. Como sabe que lo odio, lo repite hasta la saciedad, la tía jodía.

También lo escribió en la nota de suicidio que dejó sobre la encimera las navidades pasadas.

“Chucho, no puedo vivir sin ti. Tú eras mi sol y mi día. Tú eras quien me daba el aire para respirar. Ciao, mi amor, nos vemos en el cielo”.

Ya le dije en el hospital que la próxima vez que se quiera suicidar lo haga a conciencia. Tomarse diez Lexatines justo a un media de hora antes de que llegue la niña del colegio no es precisamente una buena forma de decir adiós con la manita.

Por la tarde, al llegar del salón de masajes, se encontró con su maleta en la puerta y la cerradura cambiada. Cuando me llamó al móvil le dije que se habían acabado los masajes, los 1000 euros mensuales de asignación por llevar las relaciones públicas de mi despacho y el ático triplex. Que a partir de ahora hablara con mi abogado.

Lamentablemente, la niña es suya y yo no puedo hacer nada por tener su custodia. La he mimado tanto o más que a su madre. Desde que me la saqué de esa casa que olía a fruta podrida en la que Pilar la había dejado cuando tenía dos años, y me miró con aquellos enormes ojos negros. Siempre he sentido que era mi niñita.

Pilar ya llevaba nueve meses sin meterse coca cuando la conocí. Salimos casi uno más y entonces, sólo entonces, cuando me la encontré un día llorando con la foto de la nena en la mano, me contó que tenía una niña de cuatro años a la que había dejado a cargo de una parienta en el barrio de Dos Hermanas.

Eso es lo que me da mas pena de todo. Mi niña, que no es mi niña, se irá con su madre. Yo la he tratado de educar pero ya apunta maneras. Lleva todo el verano escapándose por la noche para quedar con un bandarra del instituto.

Mi terapeuta me ha ido aconsejando durante estos últimos meses que vaya dejando atrás todo mi deseo de formar una familia a partir de los trozos de otra que nunca fue. Por fin he comprendido que mi depresión no es más que un reflejo de mi co-dependencia. Siempre trato de salvar a todos: a mi padre, que ya no puede dirigir el despacho, a mi amigo Jesús, que se acaba de separar porque ya no puede seguir poniéndole cuernos a su mujer sin que ella mire hacia otro lado, y… sobre todo a Pilar y a la nena, que sólo saben sacarme hasta el higadillo.

Pero la gonorrea ha sido la gota que ha colmado el vaso.

Chao, Pilarica, tu Chucho te desea que pronto encuentres a otro menda que sepa pagarte tus caprichos como tú mereces. Estoy seguro de que lo encontrarás ¡Que te vaya bonito! Besitos, muak muak




16 mar. 2014

Break the silence



Seis meses de silencio bloggero. Creo que es un record en la andadura de estos socios gatunos por el ciberespacio. Más bien de la gatita PORCIA, ya que el compañero HUGO calló (de callarse) y cayó (de caerse del plantel) mucho antes.

Sé de buena tinta que ha ido haciendo proposiciones de asociación a otras gatitas ciberespaciales pero esos proyectos no parecen arrancar.

¿Qué nos pasa? ¿Nos estamos volviendo vagos o es que buscamos otros espacios siderales?

TESA ¿”ande” andas, muyer?

El único que se mantiene al pie del cañon publicando sus entradas es BUBO, gracias al cual, además, esta minina silenciosa entra religiosamente cada semana o incluso a diario en otros blogs. Fiel a su costumbre de no dejar apenas rastro, anda de puntillas mientras todo lo observa y nada comenta.

Vuelvo a la primera del singular.

Sigo de baja. Y es curioso, siempre pensé que cuando tuviera tiempo lo dedicaría a escribir. ¡Que va! Prácticamente no he pensado en ello. Ni una idea, ni un esquema para un personaje, ni un motivo, nada.

Silencio.

Ni post, ni cuentos para mi misma, ni relato (off line) para presentar a cualquier concurso. Por no escribir, ni siquiera he redactado los artículos a los que me veía obligada por mi trabajo. Podría haber estado sentada delante del ordenador vomitando palabras para conseguir publicar esos textos de gran impacto mediático en el mundo de los señores que se dedican a lo mío y de paso engordar mi CV.

Desconexión total.

Por primera vez en mi vida adulta no he recurrido ni siquiera a mis cuadernos de escribir la vida, aquellos que me van acompañando intermitentemente desde que la tía Sole me regaló mi primer diario rojo, con tapas duras y cerradura. 

Unplugged.

Desde septiembre no he salido de Pleasantville, así que tampoco he tenido ocasión de redactar esas cartas apresuradas de despedida en un billete impreso con la cara de atrás en blanco que tanto gustan al Polski.

Herramientas. Contar palabras: 14 párrafos. 327  palabras. 1587 caracteres.

Al subir este post me doy cuenta que acabo de romper el hielo. ¿Hasta cuando? No lo sé pero aquí estoy.


Como decían los de El último de la Fila: “si lo que vas a decir no es más bello que el silencio no lo vayas a decir”. Lo que he escrito hasta ahora no es más que una reflexión personal que quizá solo me interese a mi misma mismamente. Así que permítanme ponerme un poco lírica:

Finalizo mi primer paseo por Pleasantville, acompañada por muleta roja. 40 minutos. No creí que fuera capaz de hacerlo.

Un calor agradable me recorre el cuerpo. Me siento en un banco y levanto la cara hacia el sol. Cierro los ojos.

Ahora me encuentro en aquel banco de hormigón. Oigo el murmullo de las olas.

Se escuchan voces de los que caminan por el sendero hacia el paseo marítimo. También los gritos de dos niños que juegan en el parque cercano.

Respiro hondo. Huele a pino y a caramel de maduixa.



Sonrío.

16 nov. 2013

Ensimismada



Estoy muy ensimismada últimamente.

Me operaron hace dos meses y ando en casa con la pata quebrada.

No puedo andar, ni conducir, ni salir a la calle sin ayuda. Me muevo gracias a unas muletas y dedico el día básicamente a leer y a ver la tele.

No me ha venido a ver mucha gente. Con esto de que vivo lejos, de la vida acelerada, etc. etc. parece que amigos y familia tienen mejores cosas que hacer.

Pero estoy tranquila, disfrutando de este pequeño período sabático.

Duermo como un lirón y aprovecho para tener un estado semi-vegetativo antes de volver al mundanal ruido.

Un polski me visita de vez en cuando, cocina verdurita rehogada y me da unos cuantos mimos.

¿qué mas se puede pedir?


22 jul. 2013

Blue Eyes



Había una vez un chico de ojos azules que me dijo: “Si la felicidad existe, yo soy feliz en este momento”. Era 2 de Mayo de 1986. Paseo de Camoens. Concierto de King. Fue una noche hermosa, la más hermosa.

Había una vez un chico de ojos azules que me dijo: “Ojalá fuera musulmán, para poder estar contigo y con mi novia a la vez”. Fue un 18 de septiembre de 1992. Zocherstraat. Rótterdam. Fiesta de inauguración del curso académico 92/93. Noche intensa.

Había una vez un chico de ojos azules que me dijo: “Enséñame a decir “gojo” (=rojo)” mientras sus pies desnudos rozaban los míos. Era alemán y no sabía pronunciar la r. Fue un 3 de agosto de 1996. Noche calurosa.

Había una vez un chico de ojos azules que me dijo: “Soy virgen y quiero que tú seas la primera”. Fue un 5 de enero de 1997. Fiesta de Reyes. C/Esgrima. Noche dulce.

Érase que se era un hombre de ojos azules que me dijo: “Y ¿entonces? ¿Me darás un beso?” Y le tuve que dar dos para saber que podía volver a flotar. Fue un 5 de Octubre de 2011. Casteldefells. Paseo marítimo.

Curiosamente no fue de noche. Ese día era de día.

Y me supo bien el segundo beso.

Sí. Fue un día feliz.


Atención, pregunta ¿de día o de noche, son pardos todos los gatos?



17 jun. 2013

Obsesión


(Del lat. obsessĭo, -ōnis, asedio).
1. f. Perturbación anímica producida por una idea fija.
2. f. Idea que con tenaz persistencia asalta la mente.

Soy obsesiva. No he sido consciente de ello hasta hace poco. Pensaba que lo mío era tenacidad, cabezonería. Y que encima eso era bueno. Yo creía que mi insistencia me había permitido conseguir mi chalet, mi apartamento en la playa, mi gran carrera profesional, mi Mazda X5…

Ahora que llevo un 2013 de mierda, ahora que no puedo dormir más de una noche seguida con mis ideas rondándome una y otra vez por la cabeza, mis diálogos imposibles con todo tipo de personas y personajes, ahora, digo, he sido consciente de que soy obsesiva.

Idea fija con perturbación anímica.

Lo malo es que tengo varias ideas recurrentes. Una noche cojo una y dejo la otra. Al día siguiente dejo la segunda y cojo la tercera. Así hasta que me doy cuenta de que llevo un mes sin dormir.

Menos mal que ahora duermo sola la mayoría de las veces. Mi novio está a miles de kilómetros de distancia. Sólo nos vemos una vez al mes y cada día por Skype.

Una de mis ideas recurrentes es que él va a dejarme por una chica más joven. Yo tengo 53 años. Estoy separada y aunque me he vendido la moto de que no dependo de nadie, en mi fuero interno sé que tengo miedo a estar sola. No lo reconocería en alto. Mis jefes y colaboradores (moderna palabra ahora que subordinado suena tan mal) creen que soy la mujer más enrollada y autónoma que existe. Mi madre ya está en una residencia pero cuando la visito siempre me pone de ejemplo a los demás viejos. “Esta es mi hija mayor. Le va muy bien. No me ha dado nietos pero es la que mejor vive de todos sus hermanos”.

Es mentira. Soy una fracasada emocional. Novio tras novio con un matrimonio de tres años por medio. No he tenido hijos ni falta que me hace, pero me da miedo morir sola.

Mi novio actual me conquistó con una sola frase. El segundo día que quedamos tras mucho chateo e incluso un blog conjunto en el que publicábamos relatos al alimón me dijo mirando al mar “Creo que podría envejecer contigo”. Eso me mató aunque no quise que se me notara. No quería quedar como una tonta. El tío es listo. Me dijo lo que llevaba queriendo oír toda mi vida.

Ahora está en Finlandia, con un proyecto para Nokia y me lo imagino siempre entre las piernas de una rubiaca. No puedo evitarlo. Esa es la obsesión número 1. Cuando no ha podido chatear una noche alegando una cena de trabajo, me entra uno de mis bucles obsesivos que no sólo me dejan sin dormir. Me hacen atracar la nevera y comer compulsivamente lo primero que pillo. Con lo cual luego me toca meterme los dedos en el wáter y hacer gimnasia hasta que sudo como una perra.

Esta obsesión número 1 me lleva a la obsesión número 2. Me van a echar del trabajo. Como estoy desequilibrada y no duermo, cada vez puedo concentrarme menos en mis tareas.  Además digo tonterías o pensamientos inconexos no sólo a mis colaboradores, también a mi jefe. Ergo, me van a echar del trabajo.

Y así llego a la obsesión número 3. Cuando me echen perderé primero mi casa de la playa, luego tendré que vender el Mazda, que alquilar el apartamento donde vivo e irme a vivir a casa de mi hermana Paola, que se regocijará ante mi mala suerte aunque por fuera sonría. Siempre me tuvo envidia.

El cuarto día dejo la obsesión número 3 y vuelve la 1. Con un discurso ligeramente distinto. Y ¿si mato a mi novio? ¿Cómo le puedo matar? Hace un par de años me puso de beneficiaria en el seguro de vida de la empresa. Aparte de ese dinerito, heredaré el tercio de libre disposición que no va a sus padres porque también me incluyó en su testamento. Está forrado, así que mataré dos pájaros de un tiro: al novio y a la rubiaca imaginaria.

Estas obsesiones me están volviendo loca.


Me voy a levantar a ver que veneno es el que menos huella deja. Lo mismo se puede pedir por Internet.